EL PERSONAJE SECUNDARIO EN LAS PELÍCULAS DE DISNEY

Mi generación, la de los años noventa, fue testigo de un apogeo masivo de series y películas de dibujos que se emitían por la televisión a cualquier hora del día. Veíamos series japonesas con personajes de ojos saltones traducidos al castellano, animales personificados que resolvían misterios, y tramas adolescentes en las que el protagonista estaba tan enamorado de la chica guapa como tú en la realidad.

Además, tuvimos la oportunidad de revivir experiencias televisivas reeditadas que no eran de nuestro tiempo, como “Vicky, el Vikingo”, “Dartacan y los Mosqueperros, o“Heidi”, que fueron cayendo en una profunda y precipitada decadencia teniendo en cuenta el cambio tan brusco de mentalidad que se precipitaba en los jóvenes. Dibujos que tenían un claro corte educativo, no sólo en el aspecto académico, sino en los valores sociales, contribuyendo a un adecuado desarrollo psicológico de los espectadores infantiles.

Dentro de éste “boom” del que hablo, también se encuentran las películas de “Walt Disney Pictures”, una larga filmografía de películas de dibujos animados basadas en libretos tergiversados y de dudosa moralidad en algunos casos (según se interprete) y una música maravillosa que empezó mucho antes de mi época, perdurando hasta nuestros días y de esto último es de lo que vengo a hablaros.

Las bandas sonoras de las películas de Disney son el claro ejemplo de cómo la comercialidad no está reñida con la calidad, siendo dichas composiciones compendios completos de emotividad y complejidad musical, que rompe las barreras generacionales. Quizá la parte consciente de nuestro cerebro banaliza y quita importancia a esto, debido a las imágenes y moralejas tan impactantes que nos ofrecen dichas películas, pero el subconsciente sí capta lo que explico, por no hablar de que la música favorece la interpretación de éstas imágenes, aunque esto podemos observarlo de una forma más minuciosa con ejemplos:

La música es un factor muy importante en Disney. Tanto es esto así, que uno de los primeros trabajos que hizo la productora fue una serie de cortometrajes que llevaban por título “Sinfonías tontas”(1929-1939).

(Flores y árboles – 1932). Cortometraje.

Como podemos observar, las melodías utilizadas se desarrollaban durante la secuencia resaltando determinados movimientos de los personajes o remarcando con diferentes tesituras según la gravedad de la situación que aconteciera. Es una característica muy distintiva de W. D, casi con una influencia clara del Impresionismo de finales del s. XIX. También podemos observar, no sólo en éste corto sino en muchos otros, que también se utilizan piezas de otros compositores, en éste caso, aparece durante unos segundos “Marcha Funebre” de Chopin.

Sin embargo, si queremos hablar de las cualidades de corte impresionista en las películas Disney, la cumbre de esto es “Fantasía”(1940).

Ver – “Danza de las horas”, A. Ponchielli

Las “maderas” describiendo unos párpados intermitentes, en anacrusa, unos violines que doblan las articulaciones del personaje y de fondo, unos violonchelos que con el clásico “un, dos, tres” le dan coherencia a ésta especie de danza-vals que baila, valga la redundancia, ésta avestruz tan simpática.

Es casi surrealista, ¿verdad? Que la música pueda describir de una forma tan exacta y linda el movimiento de unos personajes de animación hasta el punto de no estar viendo la imagen y saber, o al menos imaginar, qué ocurre. Aunque si queremos algo surrealista o incluso psicodélico porque nos va lo “hippy”, el señor Walt tiene para todos los gustos. Hablaríamos de “Dumbo” (1941) o “Alicia en el País de las Maravillas” (1951). Hablemos de la primera por ejemplo:

Ver – “Dumbo,  Desfile de los elefantes rosas”(1941)

Apoyados por una cadencia andaluza usada a lo largo de la historia en estilos como el Flamenco, el Jazz, o el Soul, un juego de trompetas y trombones simulan las alucinaciones de un elefante en estado de embriaguez. Y para hacer más hincapié en el surrealismo que supone, y permítaseme la expresión “estar colocado”, hay pequeños fragmentos de otros géneros musicales como la música latina, egipcia o árabe, que si analizamos sus particularidades musicales, tienen muchas similitudes con los géneros de los que hablaba antes.

Pegamos ahora un salto cronológico importante y nos trasladamos a finales de los años sesenta y principios de los setenta. Disney nos propone dos películas que cambian un poco el curso musical de sus bandas sonoras y las convierte en otra nueva seña de identidad: “El libro de la selva”(1967) y “Los Aristogatos” (1970).

Ver – “El libro de la selva”(1967)

Aquí se nos plantean un largometraje musical cargado de swing, un tipo de jazz característico de los años treinta y que su progresión armónica fundamental es, tal y como mencionaba en la película anterior, una cadencia andaluza, además de una “big band” que sugiere diversión y picaresca, por no hablar de lo gracioso que es ese doblaje latinoamericano que ha participado tanto en nuestros chistes.

Ver – “Los aristogatos”(1970)

En éste caso se nos expone una B.S.O cargada de Jazz. Los tintes de Jazz francés elegante y comedido para comenzar la temática de la canción son evidentes, y la propia letra así lo describe; rompe el tema y entramos en un baile espasmódico de swing, que va imbricándose de una forma muy natural en un “be bop” de vanguardia que recuerda a una “jam session” improvisada de un local lúgubre de Nueva York, hasta caer de nuevo en lo francés, incluso con un aire muy bucólico como si evocara a una gramola escuchada en una ventana de París, hasta resolver de nuevo en un swing.

De nuevo los lectores me disculparán, un nuevo salto cronológico, pero si hablara de todas las películas, echaríamos días…

Entramos ya en finales de los años ochenta y los noventa. Para mí, es la época dorada de Disney, no sólo por el material filmográfico sino por su música que es a lo que está dedicado éste artículo. Entra en juego uno de mis compositores favoritos, Alan Menken, aunque no todas las películas son de dicho compositor. Las bandas sonoras se actualizan, se fusionan la complejidad de la orquestación y de la representación de sentimientos y mensajes con estructuras musicales más cercanas a la música ligera, y no tanto al clásico, aunque con el jazz y el swing ya estábamos cerca de éste concepto.

Se estrena “La Sirenita”(1989).

Un listado de canciones en las que están muy presentes el arpa, muy adecuado para las burbujas, el movimiento en el agua y evocar historias épicas de marineros y sirenas, y los xilófonos, que a mí, personalmente, me aportan una sensación auditiva como si la música que estoy escuchando se estuviera ejecutando bajo el agua, bajo presión, y al mismo tiempo, me aporta dulzura y festividad.

 

Dos años más tarde se estrena “La Bella y la Bestia” (1991), para mí la banda sonora más completa y perfecta que se ha escrito para una película de Disney, así que permítanme que me exceda en los ejemplos.

Ver – Intro

Comienza la película con unos violonchelos en tensión que progresivamente dejan un vacío para que el piano se alce con un arpegio mágico que evoca a un cuento de hadas. Poco a poco se va desarrollando y se trunca la melodía en algo grueso, de tesituras graves que inspira terror y tristeza. Maravilloso bajo mi punto de vista. Un detalle significativo es cómo, en el momento en que la anciana se convierte en una bella hechicera, la flauta y la cortinilla, además de un plato suspendido, elevan la melodía de forma cromática señalando un hechizo.

Ver – “¡Qué festín!”

En ésta parte de la película vuelve el Jazz francés, con un juego de voces diferentes que se van pasando el testigo a medida que se desarrolla la canción y apoyados por los coros, muy importantes en todas las bandas sonora Disney de ésta época, acabando la canción con “fuegos artificiales” musicales.

Ver – “Bella y bestia son”

Entramos en el tema principal que se va repitiendo como motivo musical durante toda la película, desde el principio, y de una manera muy tímida. Aunque ésta canción sea muy romántica y, bajo mi punto de vista, con versiones por todo el mundo que no le hacen ningún honor, para mí es una de las canciones más bonitas que he escuchado y, cabe destacar, que sin necesidad de una ornamentación musical excesiva. En éste caso, menos es más.

Por último, estando en la década de los noventa en su plenitud, también encontramos películas como “Aladín” (1992) con un corte musical árabe y swing del que ya hemos hablado más arriba; “El Rey León”(1994), repleta de armonías y coros africanos que te transportan a lo más hondo de la sabana y curiosamente compuesta por Sir Elton John; “Pocahontas”(1995), banda sonora que considero retoma, en cierto modo, esa premisa impresionista de los comienzos de Disney, representando la naturaleza y el movimiento, pero de una forma totalmente distinta (entiéndase); “Toy Story”(1995), con una influencia un poco más blusera o incluso country; “El jorobado de Notre Dame”(1996), con órganos de iglesia, idiófonos (campanas) retumbando en la emotividad del oyente y unos coros grandilocuentes y apabullantes, además de un corte muy medieval en las melodías escogidas; “Hércules”(1997), con unas canciones sacadas directamente del góspel y del blues más puro y hondo, o jondo como se dice en mi tierra, y con unos coros de una complejidad asombrosa; “Mulán”(1998), con armonías y escala pentatónica orientales y de nuevo, coros preciosos; o “Tarzán”(1999), una banda sonora que casi no lo parece, con canciones muy simples a priori pero de orquestación muy bonita, con mucha importancia en los arreglos de percusión y en los coros, que simulan el ambiente selvático en el que se desarrolla la película, y por si fuera poco, compuesta por Phil Collins.

El bajo eléctrico en ésta época también es un instrumento importantísimo, aportando un colchón armónico que dibuja el recorrido de los acordes de una forma magistral. En épocas anteriores los bajos son obra de tubas, contrabajos, y trombones y violonchelos en menor medida.

Ver – “El rey Leon”(1994)“Pocahontas”(1995)“Toy Stoy”(1995)“El jorobado de Notre Dame” (1996)“Hercules”(1997)“Mulán”(1998)“Tarzán”(1999)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *